Valor sentimental

EL VALOR DE LA PALABRA


Sin dudas, para quien tiene más de 50 años, la década del 60 fue algo extraordinario. Al revivirla y revisarla desde el hoy, nos parece aún más maravillosa.

Nuestro país no le envidiaba nada al Viejo Mundo, Bs.As. era muy parecida a muchos sectores de Paris y Mar del Plata, no era menos que la reconocida Montecarlo. Sus casas sobre el mar, los edificios lujosos como el Hotel Provincial o el mismo Hermitage, son una muestra de esa época.

En ese contexto tradicional está también el Torreón del Monje, construido a principios del 1900.

Yo tenía 11 años en enero de 1962, no conocía  a los Beatles, pero mi pasión por los autos ya era incesante e imparable. Allí en la pedana del Torreón del Monje había una pista ovalada, se llamaba Autolandia, donde unos autos muy parecidos a los de carrera de aquella época, de los Gálvez y Fangio, giraban desde la tarde hasta la noche. Mi auto preferido era una cupe Ford de 1939 que replicaba a la del más exitoso piloto de toda la historia del TC, Juan Gálvez. 

Dos socios, Julio Enrique Labeguere y Enrique Julio Fernández, (compartían hasta los nombres), crearon esta cupe y varios autos más, todos hechos de acero a mano y martillo. Uno era el conocido “Flecha de Plata” de Juan Manuel Fangio. Todos con motores de 7 HP, eran utilizados por los chicos que los alquilaban para hacerse los corredores, como era mi caso. Tantos días pase en esta pista que “Don Julio” me distinguió con un escudo de PILOTO INSTRUCTOR, es decir, cuando venían los más chicos para andar en los monopostos, “los instructores” nos trepábamos al cono de cola y… les manejábamos el auto.

Pasaron los años, era 1974 y yo salía a la pista de Balcarce con mi Fiat 128 de carreras.

Allí estaba una vez más Don Julio Labeguere, era quien nos daba la salida a pista. ¿Te acordas de mí? Me preguntó… 

Su pelo ahora más blanco, me lo hacía imposible. “Yo te enseñe a manejar con la cupe de Gálvez, te acordas”?

De golpe asocie su cara y no pude detener mi pregunta, ¿la cupe, donde esta? me muero por verla…

“Está destruida, si vos la queres te la regalo, sería un orgullo para mí que vos la tuvieras”

Pasaron los años, “Don Julio” murió y aunque jamás me olvide de sus palabras, no sabía dónde estaba mi querida cupe Ford.

Estamos ahora en 2010,  Cuarenta y seis años después que J. Labeguere me dijera…”si vos la queres, es tuya”.

“Hola Rubén, soy Carlos Labeguere, el hijo de Don Julio”, quiero cumplir la palabra de mi padre y entregarte la cupe, como él lo prometió. El teléfono tiritaba en mis manos, no lo podía creer.

Fui a Mar del Plata a buscar este auto, Carlos, su hermano y los nietos de Julio Labeguere, me ayudaron a cargarla. Un momento imborrable para mí y para ellos. Carlos no solamente me regalo la cupe, también las fotos, los tickets que se daban, publicidades de esa época y mi escudo de instructor…

La cupe esta hoy tal cual la encontré, no me animo, ni quiero, tocarla ni arreglarla, es mi historia, es el primer auto que yo maneje, es el respeto a la memoria de Julio Labeguere y sus hijos que honraron a su padre y cumplieron la palabra.

Siempre me pregunto cómo sería este país si todos, cumpliéramos la palabra empeñada…

¿Cómo sería esta Argentina si alguien hubiera cuidado esos edificios, la tradición, y preservado el buen gusto y refinamiento de esa época? No lo sé, sería distinta eso es seguro.

Faltaba un protagonista, Enrique Julio Fernández, el socio de J.Labeguere y constructor de la carrocería de esta cupe. Nadie sabía nada de él, desde hacía más de 30 años.

La televisión es algo mágico, y mi suerte siempre fue reconocida por mí y mis amigos.

En el salón Internacional del Automóvil realizado en Junio de 2011, expusimos esta cupe y la historia que recién conté. Fernández, estaba en su casa viendo nuestro programa A Todo Motor y de repente salto de su asiento exclamando, “Ese auto lo hice yo…”Una hora más tarde, estaba junto a mí en nuestro stand con un álbum de fotos y agregando más datos a la historia de este auto.

Enrique Fernández tiene hoy 87 años, y con una vitalidad y memoria envidiable me conto como la construyeron, me conto que Juan Gálvez, también llevaba a sus hijos a dar vueltas en esta cupe. Y agrego un dato vital: “Yo le pedí a Juan Gálvez que me ayudara a conseguir la publicidad de ATMA y no solamente me ayudo, me regalo la pintura azul con la que pintamos este auto. Es la del auto de Juan Gálvez, el me dio la pintura de su auto”. Ahora se comprende más porque no voy a restaurarla no?

Y agregó: “Tengo una carta firmada por Juan Gálvez, que cuenta lo de ATMA”

Junto a los hermanos Juan y Ricardo Ardissone, con la ayuda de Enrique Fernández, hicimos otra cupe. Es un recuerdo de mi infancia, forma parte de mi vida como corredor, y un homenaje a quien me regalo esta historia, Julio Labeguere.

Comparto esto con Uds, no puedo asegurar que no vuelva a dejar correr alguna lágrima.

Rubén Daray

La foto, tomada por Mazzacane es en los 75 años del TC.